Soy importante

Proyecto número dos: Escribir biografías y autobiografías. No importan -tanto- las faltas de ortografía, ni el montonal de correcciones, ellos me dan todo su cariño, y esto es recíproco.
Soy tan importante para mis alumnos que ya soy parte de sus biografías. Esa importancia me provee de una enorme responsabilidad para con ellos y lo que representa mi profesión. 
Los quiero con todo el corazón a mis condenados.





Aquí

Aquí en Nogales la vida es algo insípida.
Me levanto a las 5:20 de la mañana, voy al baño, me lavo la cara, tomo mi respectiva taza de café y continúo mi rutina.
A la una y media de la tarde ya he llegado a casa después de mi trabajo. Los niños parecen ser siempre los mismos.
A las seis de la tarde ya me encuentro bañada.

Hacemos la comida, vemos un poco de televisión, después, cada quien se dedica a hacer sus deberes.
De vez en cuando, jugamos Mario Party en el N64. Cenamos, y es todo. Así se ha ido un día aquí.

El solo pensar en ir a Hermosillo me da mucha pereza: el camino son cuatro horas, además, el calor me repele; aquí en Nogales ya se siente frío en las mañanas, y las tardes son frescas.

Es sencillo, pero esto me va a matar.

New life


La muchacha quería salir de Hermosillo, Sonora, México; ya lo hizo, pero tiene muchos miedos.

Las cosas en casa no iban muy bien, mi anhelo consistía en que la hora de mi partida llegara lo más rápido posible. Llegó y me tomó desprevenida.
Lloré tanto al despedirme de mi hermana. Era increíble que ella y yo nos separaríamos, después de 21 años de estar juntas.
Ahora ella me hace mucha falta.

Mi plaza docente me fue asignada en una ciudad, dentro del mismo estado, se llama Nogales. Es un lugar muy pintoresco: está entre un montón de cerros; me recordó a Guanajuato.
El paisaje en general es lindo, a la entrada de la pequeña ciudad, los cerros están verdes.
Acá neva, aunque sea desierto. En parte, fue una de las razones por las que escogí este lugar, como nunca he visto nevar, esta será mi oportunidad. Además, ahorita en verano no hace tanto calor como en la capital.
Las desventajas de vivir en un clima tan frío es que me enfermaré más seguido.

Mi casa es un departamento dentro de un conjunto de departamentos en renta, vivimos tres personas: dos mujeres y un hombre, distribuidos en dos recámaras. Aún estamos en el proceso de adaptación, amueblando y detallando la vivienda. Me molesta que esté arriba de un cerro, la empinada es muy cabrona, una se agita demasiado cuando va subiendo.

Extraño la capital, extraño mi casa, extraño mi cuarto, la comida de mi mamá, a mi familia más que a nada.
Solo espero que el tiempo se vaya rápido y yo esté de nuevo en mi querida casa, a pesar de que la relación con la señora no vaya bien. También espero que este distanciamiento sea cosecha de cosas buenas, como madurar, aprender muchísimo de mí, así como a cocinar y administrar mi dinero.

Por lo pronto, debo plantearme permanecer fuerte, como siempre, aunque me esté desmoronando en añoranzas y nostalgias por dentro. Debo acostumbrarme, adaptarme, sobrevivir y seguir.
Me siento un poco triste.


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Ya es mi quinto día en Nogales.
No es muy grande, si recorres Nogales por todo el bulevard principal, harás como máximo 30 minutos. Ya conozco la mayoría de las rutas de camiones. La ciudad está llena de negocios de servicio de cambio de moneda (pesos por dólares y viceversa), puesto que es ciudad fronteriza.
Justo ayer que andaba en uno de los camiones, llegamos a una enrejada de barrotes grandes y gruesos, me pregunté qué escuela o instituto sería ahí, ni escuela, ni instituto, esa madre es la línea internacional; sí, del otro lado es Estados Unidos de América. Fue impresionante, de un lado estaba la podredumbre, la mediocridad, las calles sucias y descuidadas; y del otro lado, la grandeza y magnificencia de los EEUU: las calles muy limpias, árboles cortados y el césped cortado. Sí se nota la diferencia, abismal diferencia.

Creo que ya me acostumbré. Sabía que sería rápido, pero no me imaginé qué tan rápido sería, hasta siento que no extraño Hermosillo.
Trato de verle el lado amable y bueno a las cosas, en estos cinco días hemos buscado atajos para que el camino sea menos cabrón para llegar a casa. Justo hoy decidí buscar uno más y lo encontré: me siento muy feliz por eso.

En la escuela primaria Héroe de Nacozari, donde trabajo, las cosas marchan bien. El día martes (cuarto día de nogalense) se presentó un altercado con una maestra soberbia, de nuevo ingreso como yo, pero creo que actué bien y sobre todo justamente, ya que, quien la conoce, se pone de mi lado, diciéndome: "Qué bueno que no la dejaste hacer lo que ella quería, es que así está acostumbrada". También me siento bien por ello, aunque seguramente, ya me odia y me ha echado hasta de la madre.
Pero así soy yo: me busco enemigos por donde sea: siempre digo la verdad y trato de actuar con justicia.

El punto es que le pelée el quinto grado. Y me lo quedé.
Ayer martes, mis compañeros y yo compramos los boletos para Hermosillo, el fin de semana estaré por allá.

En la casa aun nos faltan ciertos electrodomésticos, como un horno de microondas y una lavadora con secadora. Es necesaria la secadora, aquí amanece la ropa congelada en invierno y difícilmente llega a secarse. También hacen falta algunos muebles, como un comedor y sillones, pero la cosa ahí va, poco a poco vamos adecuando la casita para vivir a gusto.
Me está gustando la vida aquí, es sencilla, la gente pues, no es tan amable, pero sí ayudan en lo que les pides.

Ya quiero conocer mi salón de clases, decorarlo, limpiarlo, hacerlo mío. Quiero conocer a mis alumnos, pero no a sus papás.

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Hoy, sábado, estoy en Hermosillo, en mi casa. ¡Dormí tan a gusto en mi cama! ¡No quiero regresar a Nogales! 
EL AMENAZADO - Jorge Luis Borges.
Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga 
erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la
Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de los muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.


Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan las hordas.
(Esta habitación es irreal, ella no la ha visto).
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.






No aguanto estas fechas. Además de que no me agrada ver la televisión, odio ver deportes en ella (ni siquiera hago deporte, ¿Por qué coño me va a gustar verlo?).



Me cagan las Olimpiadas. Puede decirse que me cagan por su origen. ¿Un evento para un pinche Dios?
Me cagan porque es un dineral despilfarrado, el cual, obviamente, puede y DEBE emplearse en otras acciones.
El Comité Olímpico elige las sedes en cuanto a las capacidades en infraestructura de los países, ¿Por qué no hacerlo en un país pobre? ¡Así sí ayudarían!, o ¿Por qué las ganancias generadas por unos juegos Olímpicos no se destinan a obras de beneficencia?

No malinterpretes mi posición. No estoy en contra del deporte, ¡estoy en contra del sucio negocio que se hace con él!

Me cagan las Olimpiadas, porque cada que un mexicano realiza una gran proeza, ahí están los fanáticos con sus comentarios típicos de: "¡Qué bien jugamos!" ¿Jugamos? ¿Jugamos, cabrón? Hombre, es decir que si ves una porno ¿podrás decir "¡Qué bien follamos!"? ¡Idiotas!

Me cagan las Olimpiadas porque en México no existe ni un buen programa de fomento al deporte, ni siquiera para mantenerse saludable, porque el director de la CONADE se conforma con traer 3 medallas o menos, porque envía a quien se le da la gana y o precisamente a los más destacados en determinada disciplina; porque el deporte sí merece que se le dé un buen lugar en la distribución del gasto, lo cual ¡NO SE HACE!

Me cagan las Olimpiadas, porque lo que ocurrió en México, 1968, no tiene madres! (Genocidio de estudiantes "revoltosos", les mataron para que en las calles no hubiesen malas impresiones para los turistas adinerados que venían a las Olimpiadas).

Me cagan las Olimpiadas, porque, en lugar de unir a las nacionalidades, las separa en competencias.

Me cagan las Olimpiadas, porque, siempre hay pendejos que juzgan saltos de garrocha, clavados, sin siquiera saber qué chingados significa la palabra "garrocha".

Me cagan las Olimpiadas desde que era niña; en aquél entonces mi única preocupación era ver caricaturas, y las quitaban por poner esa maldita programación internacional. Actualmente, el asunto es diferente.

Me cagab, me cagan, me cagan.
¡NO MAMES!

Just maybe


En el alto

Quiero compartirles este hermoso cuento corto; es de Cesar Navagómez.
Me encantó, que lo disfruten.

En el alto

La luz roja me obliga a detener el auto.
Por la avenida miro transitar a muchos vendedores ambulantes.
Centro mi atención en una pequeña de escasos 8 años, que canta y pide dinero a los conductores.
De pronto me sorprende la enorme habilidad de un payaso manco que hace malabarismos a una sola mano con 3 naranjas.
Cuando la chiquilla se desplaza entre los autos tomando el dinero que los conductores le dan, el payaso se esfuerza en estar siempre atrás y cerca de ella, como si la estuviera cuidando.
El claxon del auto de atrás me hace voltear y al volver la vista el payaso ya no está.
Llamo a la niña y al darle unas monedas le pregunto:
-¿Tan chiquita y ya trabajando?
-Sí, señor, es que en mi casa somos pobres.
-Tú deberías estar en casa o en la escuela y tu papá ganando el dinero ¿o no?
-Mi papá ya no está, lo mataron.
-¿Cómo que lo mataron?, ¿porqué?
-No sé, fue en este alto, él no tenía una mano, pero aquí trabajaba moviendo tres naranjas, vestido de payasito.



Me toca olvidar

Tenía cara de niña pero era ya una mujer. 
Tenía una cara de niña y quizás la edad también.
Y amaba como una niña y a veces como mujer. 
Y olvidaba como niña y también como mujer.

Rogelio Magallán





Hoy cumplo 24 años.
A lo largo de ellos he logrado vanas proezas.
A mis 24 años ostento un título universitario con mención honorífica (Lic. en Educación Primaria), soy presidente de una asociación civil, trabajo en una escuela para el desarrollo del pensamiento matemático y no sé qué demonios será de mí.
A mis 24 años, soy madrina de una linda niña; no tengo amigos, no tengo novio, mantengo relaciones sexuales promedio y no tan satisfactorias; las que sí son satisfactorias son mis relaciones con los libros.
A mis 24 años detesto el tequila, desarrollé un gusto sin antecedentes por los zapatos y las micheladas.
No tengo una casa, como especulaba en mis dulces 16, tampoco tengo un carro, tengo iphone de segunda mano y una computadora portátil: suficientes por ahora.
Me he dado cuenta que no soy tan diferente a cuando era niña, sé que puedo cometer los mismos estúpidos errores una y otra vez y nunca voy a aprender, sé que soy tan nimia que puedo perdonar lo imperdonable, y luego darme cuenta de lo idiota que fui. Me doy cuenta que puedo pensar que las cosas son diferentes, que pudieron haber cambiado, y estrellarme contra el concreto, sabiendo que nada va a cambiar y que todo sigue igual, aunque irreconocible.
Conozco tanta gente. Hay caras que quiero y debo olvidar, hay caras que quiero mantener en el recuerdo vivo por siempre.
Mi ocupación es estar ocupada.
Es difícil que establezca una sana relación con los demás, generalmente, tiendo a fijarme y exhacerbar los defectos en lugar de las virtudes.
Hablando de defectos, mi mayor defecto es confiar demasiado en las personas.
Mi mayor esperanza es mantener mi ciega fe.
Mi mayor anhelo es encontrarme.
Mi gusto es aprender.

Pienso que esta edad es mágica, jamás había estado tan defraudada de mí y tampoco de la situación política de mi país.
Creo que he perdido más de lo que he ganado.
A mis 24 años, estoy soltera y creo que asi lo estaré bastante tiempo. Quizá para siempre. Pero no me crean, seguramente esto lo vocifero porque no he tenido un verdadero romance en meses, mi condición es que en el primer mes de soltera, suelo atarme a alguien.
Y moriré con 10 gatos.

A mis 24 años tengo una ganas endemoniadas de estar abrazada a alguien y sentir su calor y protección.



Derrotamiento?

Estas lágrimas son de dolor e impotencia, de ver un país desangrándose y aun así le causan más heridas.
Aguante, México!