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Todos los caminos me llevan hacia ti

Arte por Chiara Bautista


Algo hay entre los dos, un lazo inseparable, todo un universo que nos une. Compartir la vida contigo, de repente, es lo más bonito que tengo. Siéntete con el derecho de proclamarte dueño de la mejor parte de mí. 

Hoy, a primero de 1 enero del 2016, estoy sentada en la sala de mi casa, sobre mí tengo una frazada y el estómago lleno de un postre delicioso que hice para la cena de nochevieja.

Desde hace algunos días, mi mente se ha dedicado en el montón de palabras que quiero escribir, para expresar toda mi gratitud hacia el año que acaba de terminar. 
Puedo sentenciar que fue un año lleno de primeras veces (y espero que cada año siguiente sea así), las cuales tengo toda la intención de escribir extensamente a continuación.
*Aclaratoria: están ordenadas cronológica y no por orden de importancia.  

1. Fue la primera vez que usé calzones rojos. No es mi afán intrigar ni inquirir en que un simple acto supersticioso sea más poderoso que las propias acciones que se requieren para tener amor en tu vida, ni mucho menos quiero sugerir que fue gracias a los calzones que inicié una nueva relación después de aquella ocasión hace 3 años que decidí que no tendría más relaciones amorosas. Solo es un hecho divertido y curioso que nunca había accedido a hacer. Así inicié el año, con esa primera vez: sencilla y sin sentido ni lógica. 

2. Viví con alguien diferente a alguno de mis parientes o roomies, es decir, con una pareja. Aprendí a debatir un miedo arraigado en mi mente que consistía en no ser capaz de compartir mi espacio vital con alguien. Fue bueno y fue esporádico.

3. Viajé con mi pareja a la Ciudad de México. Fue un viaje lleno de altibajos, decidí terminar la relación al regreso. Es la primera vez que viajo a un lugar fuera del estado con la persona con quien comparto lazos amorosos.

4. Experimenté una relación de dependencia emocional culerísima. Aprendí que debo evitar eso a toda costa por siempre. Temo que eso me haya hecho catalogar este periodo de enamoramiento como el peor de mi corta existencia. Nadie se merece enamorarse de alguien que no se quiere a sí mismo y que está dispuesto a propinarte decepciones y el peor de los daños que hayas sufrido jamás. 

5. Eso me llevó a la quinta primera vez de mi vida: unfriend someone from my social networks. Cuando termino una relación, suelo mantener relación no cercana con esas personas, pues forman parte de mi vida, de mi pasado, pero no permito que se impregnen tanto en mi presente y mucho menos en mi futuro. Pasó que sus publicaciones se tornaron molestas y decidí, en un acto de valentía, eliminarlo de mi vida virtual, nunca había eliminado a alguien (que haya representado algo importante en mi vida) y por eso mi mente estaba algo dubitativa al respecto.
Un "chinguesumadre" proveniente del lado más recóndito de mi corazón puritano me dio el empujoncito que necesitaba para desmepeñar tal proeza. Y la verdad es que se siente a toda madre, es como un acto catártico, un masaje reiki o una alineación de chakras.
Además, es un parteaguas en mi toma de decisiones sobre a quienes les permito vigencia en mi vida, a todos les digo que mantener relación con personas tóxicas no es una decisión saludable.

6. Obtuve mi primer carro. Es un bonito auto color rojo, modelo 2006. Me ha costado bastante trabajo mantenerlo, y siento que no vale la pena. Ya veremos si lo termino vendiendo en este 2016. Tener un carro está sobrevaluado.

7. Viajé sola, dos veces, a la Ciudad de México. En mi intento por ser aceptada en a UNAM, viajé a a la capital en dos ocasiones para presentar dos exámenes. El 15 de enero publicarán los resultados.

8. Es la primera vez que digo "sí" a muchas cosas.
-Dulce, ¿vamos a una fiesta? -Vamos.
-Dulce, ¿vamos a la playa en tu carro? -Vamos.
-Dulce, ¿vamos a Disneyland? -Vamos.
Creo firmemente que la felicidad radica en los pequeños momentos que nutren esta existencia vana y sin sentido en su mayor parte del tiempo.

Me estoy encargando de valorarme más a mí, a mi familia, a mis amigos, a mi tiempo.
Me gusta mi vida, me gusta lo que soy y cómo soy, y no estoy dispuesta a que nadie más me haga pensar lo contrario.

Es curioso que la mayoría de las personas esperan a que inicie otro año para comenzar a cambiar esos aspectos de su vida que no encuadran con el ideal que manejan o les han venido imponiendo. No es necesario esperar al primer minuto de enero para agradecer por lo que se tiene (material o no material) y apreciar las cosas buenas de la vida, mucho menos para por fin hacer eso que siempre deseaste. La felicidad es un camino, no un destino. Prefiero vivir sin tener en cuenta la cuenta de los años, los meses o los días. Decidí dejar de sorprenderme por la celeridad del transcurrir del tiempo, ¡que pase y ya!

De Spock (personaje de Star Trek, interpretado por Leonard Nimoy, quien falleció en febrero del 2015), puedo tomar prestadas algunas de sus frases chingonas y aplicarlas para el año que acabó y para este año que comienza:


“For everything, there is a first time.”

“You cheated.”

“You lied.”

“Let’s see what’s out there.”
Le siento cada vez más idealista.
Confundiendo la realidad, buscando la perfección, buscando LO IDEAL se pierde; nos perderemos.






Mañana será 14 de febrero... and I don't give a single fuck.

Un día, me dijeron algo referente a los ataques al corazón (o paros cardíacos o infartos, no sé): cuando el corazón sufre un infarto, éste mismo sufre fisuras físicas, como grietas o riachuelos que se abrieron paso a través de la corteza del músculo bombeador de sangre.



Este es mi tiempo, me repito cada vez que me levanto, como un mantra. 
Mi sagrado tiempo, el que dedico enteramente a curarme y repararme el corazón agrietado, porque si yo no lo hago, ¿quién lo hará? 
No, no he tenido la mala suerte de sufrir infartos o paros cardíacos, pero sí muchas malas suertes más, infortunios y designios malévolos con los que he aprendido invaluables destrezas y habilidades; 
"We’re stronger in the places that we’ve been broken." Dice Ernest Hemingway (Somos más fuertes en los lugares donde estamos rotos); y yo digo que, toda experiencia es buena, es mala si no aprendes de ella. 
Ahora que tengo esta molesta sensación de que hay algo en mi rabillo del ojo izquierdo, recuerdo especialmente un capítulo de Doctor Who (mi serie de ciencia ficción favorita). La historia principal del capítulo es el uso a diestra y siniestra de un filtro de percepción empleado por una terrible criatura extraterrestre (Prisoner Zero). Se oculta en tu casa, en tu habitación, en el baño, en la escalera... solo lo puedes ver momentáneamente (pero entonces, tu cerebro se autoengaña y lo asimila como sombras o movimiento del aire), a través del rabillo del ojo "from the corner of your eye"; se esconde donde tú jamás quieres voltear a ver.

Casi por instinto, ¿no es muy parecido a la calidad humana, ésa, la de evitar ver o actuar en donde más nos hace falta, donde más estamos heridos, donde más estamos dañados? ¿Por qué, en nuestra humana capacidad, no decidimos que eso que nos lastima deje de hacerlo? En cambio, estamos fatal y erróneamente convencidos que lo mejor es ignorarlo, detestarlo y hacerlo a un lado, justo como al Prisionero Cero.
¿Seguiré enfrentando mis miedos tan solo con el rabillo del ojo izquierdo o decidiré voltear a verlos de frente, atacarlos con ambos rasgados y pequeños ojos?


En mis ratos libres soy una caja de cartón que encierra regalos.




Mi autorreparación lleva casi 3 años y presiento que le falta un mucho más. 
Por si estabas con el pendiente.
Pasa que borré de mi historial una relación, le dí control+X o "delete", así, sin más.
Me deshice de ella, sin quererlo (o tal vez sí), cuando pienso en cuánto tiempo llevo soltera, mi respuesta oficial es "más de dos años", pero no siempre lo oficial es lo verdadero.

No lo hago con el afán de ofender a nadie o alguien, es simplemente que mi subconsiente trabaja así.
Más ahora que pienso en los labios que he besado, más ahora que mi soledad me parece inmensa e insondable.

¡Ah!, este parteaguas en mi vida se ha marcado tanto... tanto, que he borrado el intento de querer volver a amar en mi vida: no existe, se esfumó, flú.
Como cuando escribes borradores de ensayos... hay unos que permanecen, y otros que sencillamente desechas. Yo deseché una relación, la última.
Por eso me va como me va.

Lo que sí quedará como remanente es que desconozco en que términos está mi capacidad de amar y de ser amada.



Ha pasado, no exactamente, un año. ¿Por qué debe de ser especial? Porque representa un viaje lleno de obstáculos, los cuales, con gran hazaña, he podido derribar, uno a uno; donde he podido aprender bastante de y conmigo.
Puedo decir que mi ser ha subido un peldaño en la escalera del conocimiento.
He estado sola. Irremediablemente sola, como tantas veces he repetido.
Claro que ha sido el aprendizaje más doloroso en mi corta existencia, sin embargo, sé que ha valido la pena. Mi necesidad de estar con alguien no desapareció, pero pude aprender a coexistir con ella.

Necesité de este tiempo a solas desde hacía mucho tiempo atrás. Y cual cautivo deja su prisión, no sé si esté preparada para dejar mi jaula de barrotes imaginarios: mi soledad.
¿Mi zona de confort? Mi zona de protección. Aquí nadie me daña, aquí estoy segura. 

One year later



A mis 24 años tengo una ganas endemoniadas de estar abrazada a alguien y sentir su calor y protección.


A mis 25 años tengo una ganas endemoniadas de estar abrazada a alguien y sentir su calor y protección.




  1. Mathilda: I don't wanna lose you, Leon.
  2. Leon: You're not going to lose me. You've given me a taste for life. I wanna be happy. Sleep in a bed, have roots. And you'll never be alone again, Mathilda.
Me pusieron el cuerno.
Hace meses (poco menos de dos años).

No me sentía con la plena habilidad para escribir acerca de este suceso tan importante y esclarecedor, de no haber ocurrido en ese tiempo y en esa forma, quizá, aun seguiría en la relación con esa persona, ¡gracias al cielo, me puso el cuerno!

Al enterarme, algo muy dentro de mí, o toda yo, más bien, se rompió en pedacitos, muchos y susurrantes pedacitos, como un vidrio cuando se hace trizas, cuando se hace polvo. Así. Luego, sobre el polvo y las trizas en el piso, le pasaron una llama y el vidrio se derritió.

SE SIENTE ENDEMONIADAMENTE HORRIBLE.

Primero, sientes la cabeza caliente, a punto de estallar, los dedos entumidos, lo único que deseas es salir corriendo a toda la velocidad que tus pies permitan. La respiración de acelera, pues el oxígeno no llega del todo bien a tu atrofiado cerebro.
Sientes el pecho ardiendo, el estómago te da un vuelco, quieres vomitar, los ojos te punzan, e inicia... el torrente que termina en mar de lágrimas. Es de ese llanto que te corta la respiración y te hace sollozar, como si te estuvieras muriendo por dentro, de ese llanto que hace que te corran los mocos tal cual ríos afluentes de agua pura, y te los tragas (te das cuenta cuanto sientes el sabor salado en los labios y en tu lengua). Pero no te importa, porque tu mundo se derrumbó, se hizo añicos, el saborear mocos es lo que menos merece tu atención ahora, y tú... tú sientes que no vales nada.

Te sientes pobre, te achicas, porque la persona en la que más confiabas, en la que depositaste toda tu confianza, tu vida entera, tus planes futuros, tu mar, tu esencia, tu espíritu... esa persona te estuvo apuñalando por la espalda durante un largo tiempo.
Te sientes una piltrafa, una cucaracha, una basura. Te quieres morir... o terminar de morirte.

¿Por qué, Dios, si es que existes, por qué permites que las personas podamos sufrir toda esta clase de sentimientos? ¿Por qué torturar de esta manera a tus hijos? Dios es un ser sádico, que se regocija cuando sus creaciones son masacradas de esta y diversas maneras.

Sin embargo, toda esta maraña de emociones te hacen sentir más vivo que nunca. Destrozado, derrumbado, podrido, pero vivo... aguantando lo que tenga que pasar, tus momentos solo, aguántandote a ti mismo, dándole vueltas al asunto una y mil veces hasta que te mareas, te recuperas, y vuelves a azotarte en tu palacio mental.
Te encanta martirizarte, recordar, vives en el pasado, te gusta, porque te conviertes en sádico, justo a imagen y semejanza del supuesto creador.

Te autoproclamas el culpable de todas tus desgracias y desdichas, y también el haber orillado a tu pareja sentimental a hacer todo lo que hizo, piensas que tú lo obligaste a que te dañara, y quizás es cierto. Fallamos, las personas somos máquinas diseñadas para fallar.

Logras conciliar el sueño y tus ojos amanecen pegajosos de tanta lágrima derramada. La mañana hace que llores nuevamente, y te sientas la peor escoria en el universo entero.
¿Por qué no simplemente dejar de existir... y ya?

No, tienes que aguantar, lo que venga.
Mi corazón y mi mente se alinearon y decidí concertar una cita con la persona con quien mi ex pareja me puso el cuerno, en un arranque de sinceridad y un armamento completo de valor, hablamos largo y tendido, pedí razones, pedí explicaciones, aunque no las necesitara, fue mi intento de buscar paz, de reivindicar mi moral ya pisoteada, fue mi intento de querer sentirme un poco mejor. Ah, sí, ella era mi amiga.

A él lo veo y ya no siento rencor. A ella la veo y no me inspira ni la más mínima sed de venganza. No como antes, antes mis deseos de sacarles los ojos con los dientes, arrancarles todos los pelos, cortarles la lengua con una navaja suiza, y cocinar su corazón a  fuego lento eran muy latentes. Ya no, ¿los perdoné? no sé, no me interesa saberlo.

El dolor pasa, siempre pasa. Tarda, pero siempre pasa, después, solo quedan las ganas de escribir todo lo que aquella ocasión te tocó sentir, ya sin sentir tristeza, ni arrepentimientos ni congoja.

Escribir esta entrada con la más neutralidad y calma posible no fue difícil.



Proveniente de un ciclo de sueños lúcidos, el más icónico es representado por esta famosa torre.
Yo estaba en París, por obra de quién sabe quién y quién sabe cómo. De vacaciones, supongo, o visitando a algunos amigos que radican en tierras parisinas.
Salimos de un apartamento a una hora de la tarde, decididos a buscar la Torre Eiffel; curiosamente, no contábamos con un mapa, y ellos no sabían dónde estaba. Tomamos un camión, tomamos otros, preguntábamos en las calles... mi francés pocho (nivel 2) fue de mucha ayuda.

De repente la vi, hermosa. Con una luna gigantesca tras ella.
Luego la perdí de vista, y apareció frente a mis ojos algo parecido al Taj Mahal.
¡Que vivan los sueños!

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De tantas veces que he pedido cambio de ciudad en mi profesión, el logro se proyectó en uno de mis sueños. Trabajo en la ciudad fronteriza de Nogales, pero cada fin de semana, salgo corriendo a Hermosillo.

Finalmente, me dieron mi cambio, milagrosamente. De un día para otro, yo ya debía presentarme en mi nuevo lugar de trabajo, sin siquiera darme la oportunidad de despedirme de mis queridos alumnos.
Me sentía mal, triste, como si los estuviese abandonando, decepcionando o defraudando.
Estaba en mi casa, la de mis papás, donde vivo en Hermosillo, cuando de repente, visualizo que ha arribado una sprinter blanca y se ha estacionado fuera de mi casa.
De ella, van bajando uno a uno mis chamacos, acompañados por tres mamás de familia...
-¡Maestra, la hemos extrañado mucho! ¡Tanto, que vinimos a despedirnos de Usted!

Maldigo la hora en que programé el despertador en mi celular.
Sí los quiero un montón.

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Acostumbro-aba a buscar el significado de los sueños en alguna página de internet.
Pero he aprendido que los sueños son sueños, y se quedan ahí. Quizá se proyecte un fuerte deseo que manifiestes, quizá es un miedo funesto que vive en tu mente. Quizá es solo la proyección del último pensamiento que tuviste justo antes de caer en el mundo onírico, en los brazos de Morfeo y no signifique nada importante ni tangente.
Y ahí me encuentro hoy, navegando en Facebook, dándole uno de los multifacéticos usos que se le puede dar a esta ~herramienta~ de internet.
Observo, cuan voyerista se tratase, que mis anteriores parejas ya tienen una relación con alguien más. ¡Hey! No me siento mal; cualquiera puede pensar que me siento de la chingada al saberme sola, siendo que ellos, quienes en mayor o en menor grado me hicieron un mal (y también varios bienes), tienen alguien con quien compartir su vida, sus momentos, su tristeza y su felicidad.

No, me siento bien. Bien porque noto que lo que les enseñé están siendo disfrutadas por alguien más.
He escuchado una y otra vez la advertencia esa, acerca de permanecer en contacto con tus ex parejas, pero no puede ser del todo malo, y lo estoy percibiendo de ese modo: yo y mi puto optimismo, yo y mi jodido sentido de la moral, que termina perdonando todos los agravios; yo y mi terquedad de aferrarme a las cosas buenas. No debe ser todo malo, no puede ser del todo malo y no lo es.

Se me metió en la cabeza que soy un agente de cambio.
Es bueno ver que las personas a mi alrededor cambian, la mayoría cambia para bien, ese bien es compartido con otras personas... es cuando me doy cuenta de que la razón de mi existencia va más allá del mero egoísmo y todo lo que se puede o no ser es cuestión de sentimientos.



Then I think: My work here is done. 
Es una tontada tener números favoritos, lo sé, y creo que todos lo saben, también, aun así los seguimos teniendo.
Nos gusta creer en tontadas.
Nos gusta almacenar tontadas.
Nos gusta sentir, decir, pensar tontadas.
Si hay un rey de los tontos (el rey de los que gustan las tontadas) ese sería yo.
Aun sigo pensando en ese cinco.
En 5 de mayo no pasa nada; pasó algo, alguna vez, en algún lugar, hoy forma parte de un bello recuerdo (no me refiero a la batalla de Puebla).
Sin duda, el mejor recuerdo de todos, me atrevo a decir.
Soy una tonta. Porque nada de lo ocurrió un cinco volverá a pasar.
Desde ese día me convertí en turista, quizá.
Y si hoy compro un cachito de lotería?

Turista emocional



En dos días, uno puede ir al doctor, de compras, al cine, leer un libro, comprar un carro o una casa.
Pero yo soy diferente (sin llegar a lo hipster, eso es tan hipster).
Me bastan -bastaron- dos días para enamorarme y querer a alguien con cierta locura.

Quizá me esté defraudando a mí misma, pues me prometí estar sola por un buen rato. La cuestión es que una no decide cuándo sí o cuándo no enamorarse.
Me siento bien, y 'ni modo', sucede que "cuando quiero, quiero a muerte".

Aún tengo dudas, desilusiones, heridas, y una que otra piedra en el zapato, pero también tengo esperanza, y eso es lo importante.
Él es una gran persona, me enamora cada día más. ¡Le quiero un mucho!
Skype ha sido una excelente herramienta de comunicación, estoy lejos de él. Es casi desesperante contar los días para volverlo a ver, pero vale la pena: él vale la pena.
¡Tenemos tanto en común! ¡Es simplemente genial!
Este idilio ha tenido un buen comienzo, lo sospecho y lo deseo: me da fuerzas para seguir adelante.
Es mi loquillo al que ya quiero con todo mi corazón.

Ya no tengo crisis existenciales en las duchas. :)


No aguanto estas fechas. Además de que no me agrada ver la televisión, odio ver deportes en ella (ni siquiera hago deporte, ¿Por qué coño me va a gustar verlo?).



Me cagan las Olimpiadas. Puede decirse que me cagan por su origen. ¿Un evento para un pinche Dios?
Me cagan porque es un dineral despilfarrado, el cual, obviamente, puede y DEBE emplearse en otras acciones.
El Comité Olímpico elige las sedes en cuanto a las capacidades en infraestructura de los países, ¿Por qué no hacerlo en un país pobre? ¡Así sí ayudarían!, o ¿Por qué las ganancias generadas por unos juegos Olímpicos no se destinan a obras de beneficencia?

No malinterpretes mi posición. No estoy en contra del deporte, ¡estoy en contra del sucio negocio que se hace con él!

Me cagan las Olimpiadas, porque cada que un mexicano realiza una gran proeza, ahí están los fanáticos con sus comentarios típicos de: "¡Qué bien jugamos!" ¿Jugamos? ¿Jugamos, cabrón? Hombre, es decir que si ves una porno ¿podrás decir "¡Qué bien follamos!"? ¡Idiotas!

Me cagan las Olimpiadas porque en México no existe ni un buen programa de fomento al deporte, ni siquiera para mantenerse saludable, porque el director de la CONADE se conforma con traer 3 medallas o menos, porque envía a quien se le da la gana y o precisamente a los más destacados en determinada disciplina; porque el deporte sí merece que se le dé un buen lugar en la distribución del gasto, lo cual ¡NO SE HACE!

Me cagan las Olimpiadas, porque lo que ocurrió en México, 1968, no tiene madres! (Genocidio de estudiantes "revoltosos", les mataron para que en las calles no hubiesen malas impresiones para los turistas adinerados que venían a las Olimpiadas).

Me cagan las Olimpiadas, porque, en lugar de unir a las nacionalidades, las separa en competencias.

Me cagan las Olimpiadas, porque, siempre hay pendejos que juzgan saltos de garrocha, clavados, sin siquiera saber qué chingados significa la palabra "garrocha".

Me cagan las Olimpiadas desde que era niña; en aquél entonces mi única preocupación era ver caricaturas, y las quitaban por poner esa maldita programación internacional. Actualmente, el asunto es diferente.

Me cagab, me cagan, me cagan.
¡NO MAMES!
¡Sobreviví al CAF! Y ya no sé si quiero volver a hacerlo... ya no sé.

Por otro lado, ahora deberé sobrevivir a mi examen profesional para titularme como Licenciada en Educación Primaria.

¡Uuuf! Siempre al límite, ¿no?


Aullido

Ayer lloré amargamente, lo más amargo que he llorado en años.
Fue raro, pero catártico a la vez, la pequeña alma de Dulce Marea aulló tristemente a la luna.


Di tantas vueltas en la cama, me senté en la orilla y miré hacia fuera, hacia la calle solitaria y llena de vacío de la muchedumbre que cotidianamente pasea por ahí; miré la luna, y tan solo pensé en una palabra: "soledad" e instantáneamente, cayeron, uno a uno, celéricamente, cinco ríos afluentes de lágrimas saladas y amargas. Me entregué a la noche, a la ventana, a mis recuerdos. Lloré, lloré.
¿Por qué si hay tanta gente que me rodea, me siento tan sola? Lloré amargamente por eso.

Perdón.


"...Algo en mis intestinos decía: Puede ser una relación tormentosa, ¡cuidado!, puede seducirte, puede hacerte gritar, puede sacarte todo lo que llevas dentro...."





El día que me la presentaron, dude en hablarle, dude en tocarla; morena, vestía roble claro, de baja estatura, caderona, soberbia pero ofrecida. Algo en mis intestinos decía: Puede ser una relación tormentosa, cuidado!, puede seducirte, puede hacerte gritar, puede sacarte todo lo que llevas dentro.


Corrí el riesgo, avizoré sus caderas como quien acecha a su presa. Me le acerqué, la subí arrebatadamente a mis piernas, su cintura en mi rodilla, la manoseé, recorrí todo su cuello hasta apretarla de donde se aprieta mejor.


La noté asustada, desconfiada, esa mezcla de desconfianza y amabilidad que provoca aún más. La acaricié con fuerza y le saqué con maña sus primeros reclamos, su resonancia, su primera voz, aguda, grave, como risotadas pero con llanto.


Mi torpeza fue la de un principiante con más ganas que atributos, habilidoso en los errores. Como el imbécil que quiere todo y no sabe por donde empezar. La maltraté, la mal besé, tantas veces, demasiadas diría yo, que ese mismo día, inesperadamente y frente a todos, se dejó querer, se aflojó, se embraciló, me cedió los derechos de la noche y desesperadamente me hizo eso que llaman el amor; me hizo suyo; sin el mínimo pudor, sin la mínima vergüenza. Todos fueron testigos o cómplices del escándalo, de las incomodidades de la primera vez, del flamante estallido, del inicio de una relación complicada, y sí, algo tormentosa, algo imperfecta y descuidada, pero de mutuo complemento, un amorío que empezó esa noche y continúa con sol o con luna, de ruidos pasionales y a deshoras, de alardes, de pregones, de achaques, de no dormir por las noches; de un pégame pero no me dejes. Que ahora más que nunca y después de algunas imprudencias, varios embarazos no planeados, de partos fallidos y después de mas de 50 hijos, nos seguimos abrazando, atrabancados, y contándonos nuestros mas indecibles secretos, y frente a todos, como aquel día en que me la presentaron, yo con mi encarnada locura cuerda y ella con su perfume a tronco barnizado y sus seis cuerdas locas, desquiciadas como quienes exigen ser reventadas de amor.


Ella, la irresistible caderona Antares, la mejor amante, soporte de mis borracheras, de mis injurias, de mis acordes sucios, de mis protestas y mis denuncias, la que me tira a loco pero me alivia, la que me aguanta todo menos mis inoportunos silencios, la que a veces detesto, la que amenazo con abandonar cuando me coquetea abiertamente otra preciosa de aparador, de vestido caoba, la tentación de las caderas nuevas. Pero sabe de sobra que siempre regresaré, arrepentido con mi canción entre las patas, y a sus irrenunciables caderas, a cantarle al oído: te aviso que me quedo.


Pancho Lorenz




Sin duda alguna, son fotos veladas después del adiós.
Remedos de otros tiempos.
Escarabajos en ámbar.
Ese lugar feliz al que no debo tratar de volver.
Mantener ese bello recuerdo.
Y morderme los ovarios.