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Mis certezas desayunan dudas. Y hay días en que me siento extranjero en Montevideo y en cualquier otra parte. En esos días, días sin sol, noches sin luna, ningún lugar es mi lugar y no consigo reconocerme en nada, ni en nadie. Las palabras no se parecen a lo que nombran y ni siquiera se parecen a su propio sonido. Entonces no estoy donde estoy. Dejo mi cuerpo y me voy, lejos, a ninguna parte, y no quiero estar con nadie, ni siquiera conmigo, y no tengo, ni quiero tener, nombre ninguno: entonces pierdo las ganas de llamarme o ser llamado.

Nocturna

Sentada en el confortable plástico del asiento del inodoro, pienso, como si de una ufana revelación se tratase, y se me retuerce el corazón, me timbra la garganta, me arde el pecho, y un culero ardor me remueve toda la espina dorsal: jamás. En otro acto vandálico o valiente o pesimista, por nada del mundo permitiré que nada ni nadie me vuelva a dañar en esta improbable existencia. A punto de derramar un caudal, me aferro a mi amor propio, y dilucido que, hay personas dispuestas a hacerme más daño del que pueda imaginarme.

¿Por qué me duele tanto esa incapacidad de comunicar?
En este nuevo camino que emprendí hace algunos meses (el del feminismo), logré aprender que las relaciones no se forzan, lo que va a pasar, pasará, el amor no obliga, y el amor jamás te hará batallar, o sentir que vales menos. El amor es y será. 
Al final de tu vida solo importan tres cosas:

Lo mucho que amaste, 

lo bondadoso que fuiste y

la facilidad con que dejaste ir lo que no era para ti. 


En la espera de algo que no sucederá, no puedo avanzar. Es mejor que continúe mi camino sola, sin sacrificar la paz interior, que no es negociable. 

Acabo de atravesar una de las crisis más impactantes de mi vida. Me descubrí sola, más sola que nunca. Probablemente me hacía falta escribir mis pensamientos como terapia, trataré de venir más seguido por acá.
A casi dos años de decidir terminar una relación, mis sentimientos aun no encuentran el camino de regreso.
Por si fuera poco, parte de la gente en quien más confiaba, demuestra que no deja de pertenecer a ese engreído grupo de seres que luchan por su supervivencia.

Tomar en cuenta las necesidades del otro es ciertamente, un aspecto muy difícil de las relaciones humanas, el más difícil, me atrevo a decir. Las relaciones humanas duran por eso, saber qué quiere el otro componente de la ecuación, entender por qué reacciona de tal o cual manera. El sexo no es lo más importante, es importante, pero no es lo más importante. Lo que pondera es la capacidad de comunicar, ¿Qué comunicar? Lo que queremos, cuando lo queremos, por qué lo queremos. Este aspecto se torna muy complicado en mi persona, no pretendo causar la sensación de que soy muy exigente, porque aunque lo sea, yo siempre pensaré que no lo soy, solo me gusta tener lo que merezco. ¿Ya he hablado de mi sentido muy marcado de la justicia?

Me encuentro en un punto donde no sé qué elegir, el no saber decidir me frustra más de lo esperado. Me causa comezón en no sé qué parte del cuerpo, y me insta a actuar de una forma que jamás me he planteado. ¿A qué estoy esperando? ¿A que alguien más decida por mí? ¿Es posible que me haya cansado de decidir? ¿O quizás sea que estoy cansada de tomar malas decisiones y reprimir las consecuencias?

Nuevamente, quiero negarme con todas mis fuerzas a sentir que quiero a alguien; no debo, no debo. ¿Para qué? ¿Para que el idilio acabe pronto debido a mi inestabilidad emocional? Siempre lo echo todo a perder, y acabo cada vez un poco más rota que antes. Es imposible no cumplir con esta condena, como un loop temporal, estoy condenada a repetir los mismos errores con personas diferentes.

Lo único que me mantiene con vida es el deseo imperante de salir a recorrer el mundo.





A estas horas, aquí

Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.
No tengo "hambre de amor", pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer, o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.
Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...
Este cielo de México es oscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
(Anoche, sin embargo, había llovido
y era fresco, amoroso, delgado.)
Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato
o le diría un cuento
que no dijera nada, pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.

La jaula que me cuente sus amores con el canario.
La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,
y la dulce luna de mi armario,
que me digan algo,
que me hablen en metáforas, como dicen que hablan,
este vino es amargo,
bajo la lengua tengo un escarabajo.

¡Qué bueno que se quedara mi cuarto
toda la noche solo,
hecho un tonto, mirando!

Jaime Sabines



Pero, ¿qué? No tengo ninguna prisa. Soy de las mujeres que se embrutecen cuando están en una relación; celebro que mi cerebro está dopado de no sé cuántas enzimas que me atontan; sí, me hago más vulnerable, porque pongo todo mi esqueleto sobre la mesa, doy todo lo que soy, ofrezco toda mi alma y confianza, mi esencia y mi fe. 

Tonta. Sería mejor estar muerta. 



No me hablen de esperanzas vagas
persigo realidad.


Aprender implica apropiarte de un proceso y hacerlo tuyo, según tus construcciones mentales. Aprender implica que en caso de cometer un error, tus habilidades cognitivas te rindan cuentas con el fin de no volverlos a cometer. 
Aprender es un camino muy difícil, como docente lo sé muy bien. 
La cosa es que aprender de mis errores me ha costado más trabajo del que debería. 

Hoy me doy cuenta que no aprendí, realísticamente hablando, y me siento como una basura, quisiera obligar a mi cerebro a que aprenda, sin embargo, me veo imposibilitada pues ya he cometido de nuevo el mismo error: una segunda ocasión, y me siento como una soberana basura. 

Hoy, a mis escasos 26 -casi 27 años- puedo decir sin orgullo que me encuentro más rota y en calidad de asco.

Es una sensación de disgusto y decepción el saberme en una misma situación de hace algunos años. Exactamente la misma situación. 

A pesar de mis vicisitudes, TENGO que aprender. Y lo voy a hacer, aun si con ello me duela, por mí, solo por mí tengo el valor de seguir. 



Le siento cada vez más idealista.
Confundiendo la realidad, buscando la perfección, buscando LO IDEAL se pierde; nos perderemos.



Miedo a la realidad

Vos creés que hay una realidad postulable porque vos y yo estamos hablando en este cuarto y en esta noche, y porque vos y yo sabemos que dentro de una hora o algo así va a suceder aquí una cosa determinada. Todo eso te da una gran seguridad ontológica, me parece; te sentí bien seguro en vos mismo, bien plantado en vos mismo y en esto que te rodea. Pero si al mismo tiempo pudieras asistir a esa realidad desde mí, o desde Babs, si te fuera dada una ubicuidad, entendés, y pudieras estar ahora mismo en esta misma pieza desde donde estoy yo y con todo lo que soy y lo que he sido yo, y con todo lo que es y lo que ha sido Babs, comprenderías tal vez que tu egocentrismo barato no te da ninguna realidad válida. Te da solamente una creencia fundada en el terror, una necesidad de afirmar lo que te rodea para no caerte dentro del embudo y salir por el otro lado vaya a saber adónde. 

Julio Cortázar, en Rayuela. Cap. 28 (fragmento).



No sé nada de la vida, mucho menos de las personas. 

La razón solo nos sirve para disecar la realidad en calma, o analizar sus futuras tormentas, nunca para resolver una crisis instántanea. (Cortázar, Rayuela, cap. 28)


Miedo a sentir

Tengo tanto miedo de volver a sentir. 
No soy tan fuerte como lo esperaba, no estoy ni la mitad de entera como pienso que estoy. 
Son tantos pedacitos los que conforman mi espíritu. 
La coraza que me protege es muy gruesa, porque lleva años creciendo y haciéndose más fuerte. 

Dios, tengo tanto miedo... 

¿Miedo a la libertad?

Todo el mundo pide a gritos ser libre, desde que nacemos hasta que llega el día de exhalar nuestro último aliento. 
Deseamos ser libres del escarmiento escolar, tan solo esperamos la hora del recreo y la hora de salida para poder disfrutar; deseamos ser libres del yugo de nuestros padres, a una edad más adolescente, como si vivir de renta fuera tanta libertad; deseamos ser libres de quien nos molesta y nos pisotea; deseamos ser libres de las deudas que cada vez nos aprietan más fuerte; deseamos ser libres de la existencia de peso extra en nuestro cuerpo; de acné en nuestra cara; deseamos ser libres de nuestra pobreza...
Le pedimos a Dios que nos libre de todo mal, como si todo el mal fuera tan malo. 

La realidad es que somos dependientes de todo... y de nada. 
Cuando mueren los apegos... nace la libertad. 
La clave es DESAPEGARTE, DESPRENDERTE de lo que no quieres ser esclavo. De ese sentimiento que carcome tu corazón y tus heridas, de esas personas que se dedican y empeñan a dañarte, de las ilusiones vanas, de las posesiones superfluas, de los amigos deshonestos y falsos, de todo lo desdeñable.


17 cosas que debes esperar de alguien que está acostunbrado a estar solo...

1. Espera que haga sus propias cosas de vez en cuando y sin avisarte, al menos al principio. No es que no le importes, es solo que ella ha aprendido a hacer lo que quiere, cuando quiere, y sin pedir permiso o informárselo a nadie.

2. Probablemente va a querer llevar la relación a un paso lento porque no está acostumbrada a toda la atención. No pienses que no te quiere lo suficiente, probablemente le importas mucho; es solo que esto es nuevo para ella.

3. Espera que sus amigos sean sobreprotectores con ella y que sientan sospechas sobre ti al principio. No están acostumbrados a que ella esté con alguien,y querrán asegurarse de que eres el tipo de chico que la va a tratar bien.

4. Le va a costar dejarte hacer cosas por ella. Trata de no tomártelo personalmente. Ella está acostumbrada a cuidarse a sí misma, y va a ser difícil para ella vivir en un mundo donde tiene a alguien más cuidándola de esa manera.

5. Espera que sea terca, que siempre quiera que las cosas se hagan a su manera, y a pelear cuando no sea así. No siempre tienes que dejarla ganar, pero a veces es necesario.

6. A veces necesita que la dejes sola, especialmente cuando recién empiecen a salir juntos y debería sentirse como si ella estuviera loca por ti. Cree que tiene más mariposas en su estómago de las que sabe controlar, esa es la razón por la cual necesita tiempo para prepararse.

7. Espera que se aleje de ti, especialmente cuando se dé cuenta de cuánto le gustas. Ella volverá pero necesitas darle tiempo para que piense en lo que está sintiendo.

8. Te va a cuestionar, a veces directamente, otras implícitamente, sobre lo que sientes por ella. Siempre va a querer saber si tus sentimientos son reales o si se está imaginando cosas.

9. Espera que sea testaruda. Te va a decir que “tiene todo bajo control” más de lo que vas a querer oír. Pero se está acostumbrando a tus ofertas de ayuda. Y en poco tiempo va a aprender a relajarse y a dejarte ayudarla.

10. Va a ser cauta, y no le va a gustar mucho dejarte entrar en su vida. Está esperando a ver si eres paciente, está esperando a ver si vales la pena. Ella quiere que valgas la pena.

11. Espera que sea tacaña con la confianza, solo para darte un poco a la vez. Pero cada vez que te dé un poquito, se va a sentir como un gran paso para ella. Valora esos grandes pasos.

12. Te va a parecer que es fuerte, quizás muy fuerte para ti al principio. Pero no te sientas intimidado, esta es su capa exterior. Y cuando llegues a conocerla mejor, vas a saber que es fuerte pero suave, ruda pero amable.

13. Espera que sea reservada, al menos con las cosas que importan. Hasta que realmente llegues a conocerla. Y después vas a ver la versión indómita, natural, y siempre hermosamente abierta de ella que te dejará descubrir por completo.

14. Va a ser lenta con sus vulnerabilidades, y va a esconder muchas de sus debilidades. Y cuando te las muestre, se va a sentir desnuda. Vístela con tus palabras.

15. Espera que no te necesite, y que no crea en necesitar mucho de nada. Pero te va a querer a ti. Y cuando lo haga, va a ser el sentimiento más emocionante que hayas sentido nunca.

16. Va a tener miedo, miedo de ser herida, miedo de amar, y de ser amada. Va a temer que le hagas daño eventualmente, o que la dejes y probablemente cuando eso ocurra, no sabrá quién era antes de ti.

17. Estar sola es su default, su zona de confianza. Pero espera que se enamore de ti más rápido de lo que va a admitir, y en una manera que no es ruidosa pero sí poderosa; va a ser como un pedacito de cielo. Y no va a importar si la has amado por un tiempo o por una vida; su amor los va a cambiar a ambos para siempre.
Pasa que borré de mi historial una relación, le dí control+X o "delete", así, sin más.
Me deshice de ella, sin quererlo (o tal vez sí), cuando pienso en cuánto tiempo llevo soltera, mi respuesta oficial es "más de dos años", pero no siempre lo oficial es lo verdadero.

No lo hago con el afán de ofender a nadie o alguien, es simplemente que mi subconsiente trabaja así.
Más ahora que pienso en los labios que he besado, más ahora que mi soledad me parece inmensa e insondable.

¡Ah!, este parteaguas en mi vida se ha marcado tanto... tanto, que he borrado el intento de querer volver a amar en mi vida: no existe, se esfumó, flú.
Como cuando escribes borradores de ensayos... hay unos que permanecen, y otros que sencillamente desechas. Yo deseché una relación, la última.
Por eso me va como me va.

Lo que sí quedará como remanente es que desconozco en que términos está mi capacidad de amar y de ser amada.


On love

Aun conociendo todos los riesgos, siempre nos aventuramos en busca de una travesía más. Porque esto es así, ¡se trata de disfrutar el viaje!

Rima XXI

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú. 

Gustavo Adolfo Bécquer.


Explorando dentro de la inmensidad de mi ser
he encontrado nuevos y extraños sentimientos,
pensamientos,
IRONÍAS.
He movido músculos que no sabía que existían,
como si se tratase de visitar el lado oscuro de la luna, 
ahí, donde hay tantas naves interespaciales enterradas,
lugares que el ser humano jamás ha visitado.

Aun me encuentro ahí, 
caminando,
riendo,
solucionando,
sobreviviendo,
viviendo.

Ilustración tomada de: http://clayrodery.tumblr.com/tagged/otherworldly-grounds


Por vez primera, te escabulliste en mi mundo onírico. 
Ya no te voy a poder sacar.
Por vez primera...
Ya se llenan con mucha facilidad, como si fuera un lago, donde finalizan un montón de riachuelos.

Aquí viene una nueva crisis.
¿Para qué? ¿De qué?

Esta es una de mis noches cualquiera, cuando me desespero, cuando me hago vulnerable, cuando me sensibilizo (de más), cuando descubro que estoy sola y que nada ni nadie me sacará de aquí; descuido a mis demonios y dejo que sean libres por un rato, para luego batallar y encerrarlos de nuevo.
Estoy sola, irremediablemente sola.
Maldito sentimiento, cada vez se vuelve más latente. Ni amigos, ni compañeros, ni pareja... sola.

Qué triste vivir rodeada de personas y no sentir siquiera una presencia amiga.
Qué triste es Ser YO. Qué triste es jactarme que "mi vida es emocionante" y tratar de convencerme de ello, qué triste es tener que mentirme a mí misma, qué triste es creerme mis propias mentiras... qué triste es caer.

Extraño viejos tiempos donde tenía muchos amigos. Hoy queda solo un retrato en sepia de aquella etapa, donde confiaba en las personas, donde creía en ellas.

Sé que aprendo a diario de y con mi soledad, pero aprender no es siempre amable. Me está resultando un proceso muy doloroso, el más doloroso, incluso.
Debo admitir que no me gusta mi compañía, necesito de alguien que me haga vibrar, reír, llorar, pensar, crecer, hacer que me esfuerce más, y especialmente, que le guste mi compañía.
Te necesito.

Pido imposibles, lo sé, pero ¿es que acaso no puedo desearlo? Si Tomás Moro idealizó una utopía, ¿por qué yo no?



Tengo mucho tiempo sintiéndome así.

Pero esta gripa-sinusitis y la cama recetada han ayudado a "esclarecer" la situación. He tenido largos sueños, de los cuales me despierto sudorosa, ansiosa. Todo ello cumple una función.

Estoy sola, otra vez. He decidido, responsablemente, tomar un descanso en cuanto a noviazgos se refiere. Es muy cansado, de verdad lo es. Solo espero que de verdad, en esta ocasión sea fuerte, tal vez sea la soledad la que me orille a aceptar cualquier relación con tal de no sentirme tan mal, a la larga, este sin sabor se incrementa y hace que dañe a un tercero. Tengo ue ser fuerte para no dañar a nadie. 
Dulce, a la que no le gustaba la soledad, sabiendo que es the other side of the moon.
Dulce, la que añorará siempre, tiempos mejores, deseando volver al pasado.
Dulce, la sentimentaloide. Dulce, la idiota.



Hoy padezco del síndrome del viajero eterno... la extraña sensación de no pertenecer a ningún sitio.

Una de las cosas que más me cuesta explicar a alguien que siempre ha vivido en el mismo lugar, es la sensación de no pertenecer a ningún sitio. Es una especie de ansiedad, de no estar a gusto, de que falta algo… Yo lo llamo “síndrome del viajero eterno”, porque una vez que picas ya no hay vuelta atrás, y me he cruzado con muy pocas personas que sepan a qué me refiero. Los expertos lo llaman “choque cultural reverso” (y tiene un cuadro de síntomas médicos que os ahorro).
En su forma más sencilla, sería algo tal que así: al irte de una ciudad, tu memoria de esa ciudad se fija en ese momento y permanece inalterada para siempre. En nuestro nuevo hogar, siempre echaremos de menos esa ciudad e incluso idealizamos ese recuerdo. La realización de que uno sufre el síndrome se produce al volver y es por eso que esta enfermedad es tan cruel; es entonces cuando nos damos cuenta que ese lugar idealizado en nuestra memoria ha seguido evolucionando sin nosotros y que ya no tenemos esa familiaridad que recordamos. El efecto es más fuerte cuanto más distintas sean las culturas entre sí y cuanto más tiempo haya pasado (por norma general).
Y así entras para siempre en una dinámica en la que nada es casa. Quieres vivir en una ciudad collage de recuerdos, experiencias y personas. Una mezcla de estilos, arquitecturas, gastronomías… Una ciudad mezcla de los recuerdos de todas las ciudades que has amado. Pero esa ciudad no existe. :(
Y el que no ha viajado más que de vacaciones no lo entiende. Y te dirá “No es para tanto”. Y para él (o ella) casa siempre será un lugar concreto. Generalmente se entiende que tienes que vivir en otro lugar al menos un año para notar los efectos.
Sucede que cuando cuando vuelvo, en realidad, estoy deseando irme de nuevo. Esto es algo que he sentido muchas veces, pero no había acabado de entender a qué se debía.
También explica que conocer otras culturas te cambia para siempre, y que a pesar de no encontrarte “en casa” en ningún sitio, es un sacrificio que se volvería a hacer dada la oportunidad.
Pierdes en familiaridad de tu ciudad, lo ganas en familiaridad internacional; te conviertes en un animal de aeropuertos, y los check-ins y los controles de seguridad se convierten en algo trivial. Te conviertes en una persona más observadora y te resulta más fácil coger los principios básicos de la cultura en la que te encuentras y adaptarte a ellos.
Al final, uno debe dejar de preguntarse si se sentirá en casa algún día (o mejor dicho, en algún sitio) e intentar averiguar qué nos hace falta para sentirnos en casa ahora, donde estemos en este preciso momento.
Y los que son un poco nómadas sabrá que al final hay esas pocas cosas, o esas pocas personas que serán “casa” para nosotros allá donde vayamos. Y algunos tendrán la suerte de que esas personas les acompañen y casa será cualquier lugar.
¡Sobreviví al CAF! Y ya no sé si quiero volver a hacerlo... ya no sé.

Por otro lado, ahora deberé sobrevivir a mi examen profesional para titularme como Licenciada en Educación Primaria.

¡Uuuf! Siempre al límite, ¿no?