Siempre me han parecido demasiado interesante las jugarretas que hace ese ente atemporal que conocemos por "destino".

Hay personas que se van de tu mente, de tu corazón, otras que permanecen en la proa, y otras, que se las ha llevado el mar.
Es impresionante que hechos tan simples, como el darse cuenta que una puerta se cierra en Manhattan, otra puerta se abre en la Cd. de México, pueden causar grandes cambios, estragos o bienaventuranzas.

Amigos que se van o que al final no resultaron serlo del todo, amores que se ahogan en el mar, alumnos y maestros que pasan y pueden o no dejar algo sembrado.

Gente que está esperando oír que hablan mal de ellas a sus espaldas y que se molestan cuando escuchan de propia voz ese mismo mensaje...

¡Qué complicada es la gente!

Lo mejor está siempre por venir, reza un dicho, pero yo ya tengo lo mejor, me quedo con las personas que quiero y que me quieren, y dejo ir o dejo atrás, en el primer escalón, a los que no.

Así es esto, ¿no?

Poder decir adiós es crecer. Cerati

Con esta entrada, inauguro una nueva etiqueta con el nombre de "Desde el baño"... donde etiquetaré aquellas palabras que vengan a mi mente... desde el baño, literalmente.


Sueños de otra vida

Claro y ¿Por qué no? Me encantaría ser una super espía que cautive a los hombres con un movimiento de caderas y obtener lo que quiero, sin más ni menos.


Quién sabe cómo hayan sido los tiempos de Mata Hari, o qué la orilló a ser eso, pero a mí me encantaría... <3

He corrido más rápido de lo que he corrido antes. Y eso que he corrido toda la vida entera. Pero es tiempo, debo detenerme.

Estoy a punto de dejarte ir, para siempre, porque me hieres, lo que me pone mal y sería de idiotas seguir haciéndonos daño.
A punto de desanclarme, desclavarme, despedirme, pero hay algo que aún me detiene, algo debajo del mar.

¿Qué es lo mejor? ¿Permanecer a quien amo y de quien desconfío tanto? ¿O asumir el riesgo y dar una última oportunidad?

Ruido




El fin del mundo es esto.
La mentira tiene la función de fabricar personas y mundos falsos que hasta el que los inventa se los cree.

Una vez que se ha instalado el hábito de mentir es muy difícil salir de él; porque la confianza de los otros se pierde diciendo una sola mentira y para recuperarla pueden pasar muchos años.
Además, 
el que miente se está mintiendo a si mismo convirtiéndose en alguien irreal que no existe.


Hay muchas formas de mentir. Están las mentiras piadosas que son para no herir susceptibilidades, aunque siempre es mejor pecar por omisión antes de caer en una mentira.
También hay mentiras colectivas, como las noticias de los diarios, las revistas, la radio o la televisión que la mayoría de las veces responden a intereses espurios.
Hay mentiras familiares, que son las que sostienen a algunas familias, que aunque mientan todos por lo general igualmente se desmoronan.
Leemos mentiras históricas en muchos libros porque lamentablemente nadie puede ser objetivo contando un hecho del pasado con absoluta fidelidad, porque no puede evitar agregarle datos de su propia experiencia o ideología.
Y por supuesto hay muchas mentiras políticas que todos hemos podido comprobar después de las elecciones.
En realidad, vivimos en una sociedad mentirosa donde todos nos manejamos con tacto, que en última instancia significa mentir.


Siempre se puede cambiar este modo de ser, comenzando por emprender la maravillosa aventura de ser sincero y aprender a valorarse.El mentiroso cree muy en el fondo que es despreciable y desde esa baja autoestima surgen las mentiras; que en definitiva son inútiles porque la verdad siempre se filtra por algún lado.


El que miente es como un barco que hace agua hasta que se hunde irremediablemente en lo más profundo, a veces perdiendo lo que más quiere.
El que quiere cambiar puede hacerlo sea quien sea, lo importante es querer hacerlo, porque querer cambiar es ya haber cambiado.

Porque somos los dueños de nosotros mismos y estamos condenados a elegir todo en esta vida y es probable que también en la muerte, en que como algunos suponen, tendremos que elegir el destino del alma.





Tomado de aquí.




Todos mienten... pero no quiero que me mientas tú. Tú nunca. Por favor.


De la noche a la mañana, los sentimientos no cambian, pero dormir ayuda a olvidar, en cierta parte.
Sin embargo, despertamos a las emociones, SENTIMOS.

Quisiera que pasaran muchas noches para cambiar mis sentimientos, pero no me atrevo. Tengo miedo.

No soy hipócrita, peco de sincera.
Odio las mentiras, y me decepciono cuando me entero de una, especialmente, si proviene de la persona que amo y de quien, por ende, desconfío... tanto.

No quiero estar así. Ya quiero que termine todo esto.

¿Es el amor difícil? o ¿Yo lo hago difícil?


...


Como las Matemáticas... el amor no se hizo para mí. Quizá, porque llegué tarde a la repartición de comprensión y tolerancia.



Despierto. Siento.



Siento. Despierto.

Me sirve y no me sirve

Me sirve y no me sirve
La esperanza tan dulce,
tan pulida, tan triste,
la promesa tan leve,
no me sirve.
No me sirve tan mansa la esperanza

La rabia tan sumisa,
tan débil, tan humilde,
el furor tan prudente
no me sirve.
No me sirve
Tan sabia tanta rabia.

El grito tan exacto
si el tiempo lo permite,
alarido tan pulcro
no me sirve.
No me sirve tan bueno
Tanto trueno

El coraje tan dócil
la bravura tan chirle,
la intrepidez tan lenta
no me sirve.
No me sirve
tan fría la osadía.

Si me sirve la vida
que es vida hasta morirse,
y el corazón alerta sí me sirve.
Me sirve cuando avanza
la confianza.

Me sirve tu mirada
que es generosa y firme,
y tu silencio franco sí me sirve.
Me sirve la medida de tu vida.

Me sirve tu futuro
que es un presente libre,
y tu lucha de siempre
sí me sirve.
Me sirve tu batalla
sin medalla.

Me sirve la modestia
de tu orgullo posible,
y tu mano segura
sí me sirve.
Me sirve tu sendero,
compañero.





Mario Benedetti










La neta, la neta, es que ya no puedo con mi chingada alma. No tengo fuerzas ni para levantarme de la chingada cama. Los recuerdos, los ausentes, y los presentes, me están matando, y precisamente eso es lo que me impide hacer de las mías como debería, no soporto cumplir con una rutina cierto, pero tampoco con mis “obligaciones”, justo cuando me falta poco para terminar algo, ahí voy de imbecil y la cago, de repente ya no quiero seguir, según Freud, o no me acuerdo quien chingados, se llama autosabotaje, y si, es cierto, tengo miedo de dejar de ser una niña, que por mis huevos tengo que salir de aquí.
Pero lo veo tan lejano, cual la niña del aro, me siento en un pozo profundo, bien oscuro, sola, pero con voces y ruidos que hacen imposible hablar conmigo misma. De preguntarme a mi misma qué es lo que realmente quiero, sin duda sé que puedo. Pero esta maldita depresión me roba toda la energía. Me odio de verdad cuando estas cosas pasan, y finalmente todo esta en mis garras, pero tengo miedo, un miedo terrible de no cumplir con mis propias exigencias, de que esos sueños jamás salgan de ahí, de la tierra de Morfeo.
Los malditos extras, la gente que se dedica a chingar, conciente o inconcientemente, como si yo no hiciera bastante recriminandome todos los días a mi misma. Quisiera dejarlo todo de una maldita vez… pero, mis parientes en el Olimpo me van a traer de regreso, los conozco, algo tengo que hacer, aún no se bien a bien qué, pero no me van a dejar en paz hasta que lo haga.
Una parte de mi ya no quiere, la otra me obliga, una mas llora y la otra se ríe. ¿A quién le doy tiempo completo?
De verdad, quisera ser como los demás que son indiferentes ante todo, que nada me afectara para bien o para mal, ser una automata que puede cumplir perfectamente con un horario escolar, que no piensa, que no siente…
Pero no lo soy, yo y mis miedos no superados, yo y mi ego… ¿por qué he de seguir un orden todos los días? ¿Porque leer lo que me obligan a leer? ¿Por qué no puedo simplemente levantarme e ir a dónde quiero, sin presiones de horario? ¿Por qué no puedo? La respuesta, esta en alguna parte de mí que aún no he explorado.
Ya me voy a lloriquear a otra parte.
En el amor todo ha terminado cuando uno de los amantes piensa que sería posible una ruptura. Paul Charles Bourget



A todo le llega su tiempo.
El tiempo es sabio.


Ni el pasado ha muerto
ni está el mañana,
ni el ayer escrito. (Antonio Machado
)

Y así pasan los días




Todo se queda en un
Perhaps, perhaps, perhaps...