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No me hablen de esperanzas vagas
persigo realidad.


Aprender implica apropiarte de un proceso y hacerlo tuyo, según tus construcciones mentales. Aprender implica que en caso de cometer un error, tus habilidades cognitivas te rindan cuentas con el fin de no volverlos a cometer. 
Aprender es un camino muy difícil, como docente lo sé muy bien. 
La cosa es que aprender de mis errores me ha costado más trabajo del que debería. 

Hoy me doy cuenta que no aprendí, realísticamente hablando, y me siento como una basura, quisiera obligar a mi cerebro a que aprenda, sin embargo, me veo imposibilitada pues ya he cometido de nuevo el mismo error: una segunda ocasión, y me siento como una soberana basura. 

Hoy, a mis escasos 26 -casi 27 años- puedo decir sin orgullo que me encuentro más rota y en calidad de asco.

Es una sensación de disgusto y decepción el saberme en una misma situación de hace algunos años. Exactamente la misma situación. 

A pesar de mis vicisitudes, TENGO que aprender. Y lo voy a hacer, aun si con ello me duela, por mí, solo por mí tengo el valor de seguir. 



Inundación

Qué difícil es volver a aprender a confiar.
Conoces algún atajo? Para mí, lo mejor es pasar siempre sin ver, sin enterarme de lo que pase o deje de pasar entre quien no me interesa un carajo.
Es el problema de tener una mente que es capaz de imaginar mucho, siempre lo malo.
Es el pinche jodido problema en todas mis relaciones personales.

Algo sigue sin encajar.
Qué es lo que me hace regresar? Deja vus interminables me haces presenciar.
No por nada...

Hoy es uno de esos días en los que pensar es lo peor que me viene.
Uno de esos días en que el mundo se ha vuelto más pesado que de costumbre y la costumbre, es uno de esos días que no tengo ganas de existir, solo desaparecer, y desaparecer con muchas ganas, podría desaparecer gritando y riendo ahora mismo, bailando, pero no llorando.
Uno de esos días en que debo tanto a tanta gente, en que solo pienso en mandar todo a la mierda, soltar todo y largarme, ¡qué fascinante!, dijera Silvio.

Partir a un viaje a las estrellas, un viaje al inframundo, un viaje al centro de la tierra, a la luna, a Tomboctú... a la chingada.

Pasa que pesa mucho el pasado, el bagaje con el que viajo siempre y no deseo agregarle más peso, no; estoy cansada.


Me pusieron el cuerno.
Hace meses (poco menos de dos años).

No me sentía con la plena habilidad para escribir acerca de este suceso tan importante y esclarecedor, de no haber ocurrido en ese tiempo y en esa forma, quizá, aun seguiría en la relación con esa persona, ¡gracias al cielo, me puso el cuerno!

Al enterarme, algo muy dentro de mí, o toda yo, más bien, se rompió en pedacitos, muchos y susurrantes pedacitos, como un vidrio cuando se hace trizas, cuando se hace polvo. Así. Luego, sobre el polvo y las trizas en el piso, le pasaron una llama y el vidrio se derritió.

SE SIENTE ENDEMONIADAMENTE HORRIBLE.

Primero, sientes la cabeza caliente, a punto de estallar, los dedos entumidos, lo único que deseas es salir corriendo a toda la velocidad que tus pies permitan. La respiración de acelera, pues el oxígeno no llega del todo bien a tu atrofiado cerebro.
Sientes el pecho ardiendo, el estómago te da un vuelco, quieres vomitar, los ojos te punzan, e inicia... el torrente que termina en mar de lágrimas. Es de ese llanto que te corta la respiración y te hace sollozar, como si te estuvieras muriendo por dentro, de ese llanto que hace que te corran los mocos tal cual ríos afluentes de agua pura, y te los tragas (te das cuenta cuanto sientes el sabor salado en los labios y en tu lengua). Pero no te importa, porque tu mundo se derrumbó, se hizo añicos, el saborear mocos es lo que menos merece tu atención ahora, y tú... tú sientes que no vales nada.

Te sientes pobre, te achicas, porque la persona en la que más confiabas, en la que depositaste toda tu confianza, tu vida entera, tus planes futuros, tu mar, tu esencia, tu espíritu... esa persona te estuvo apuñalando por la espalda durante un largo tiempo.
Te sientes una piltrafa, una cucaracha, una basura. Te quieres morir... o terminar de morirte.

¿Por qué, Dios, si es que existes, por qué permites que las personas podamos sufrir toda esta clase de sentimientos? ¿Por qué torturar de esta manera a tus hijos? Dios es un ser sádico, que se regocija cuando sus creaciones son masacradas de esta y diversas maneras.

Sin embargo, toda esta maraña de emociones te hacen sentir más vivo que nunca. Destrozado, derrumbado, podrido, pero vivo... aguantando lo que tenga que pasar, tus momentos solo, aguántandote a ti mismo, dándole vueltas al asunto una y mil veces hasta que te mareas, te recuperas, y vuelves a azotarte en tu palacio mental.
Te encanta martirizarte, recordar, vives en el pasado, te gusta, porque te conviertes en sádico, justo a imagen y semejanza del supuesto creador.

Te autoproclamas el culpable de todas tus desgracias y desdichas, y también el haber orillado a tu pareja sentimental a hacer todo lo que hizo, piensas que tú lo obligaste a que te dañara, y quizás es cierto. Fallamos, las personas somos máquinas diseñadas para fallar.

Logras conciliar el sueño y tus ojos amanecen pegajosos de tanta lágrima derramada. La mañana hace que llores nuevamente, y te sientas la peor escoria en el universo entero.
¿Por qué no simplemente dejar de existir... y ya?

No, tienes que aguantar, lo que venga.
Mi corazón y mi mente se alinearon y decidí concertar una cita con la persona con quien mi ex pareja me puso el cuerno, en un arranque de sinceridad y un armamento completo de valor, hablamos largo y tendido, pedí razones, pedí explicaciones, aunque no las necesitara, fue mi intento de buscar paz, de reivindicar mi moral ya pisoteada, fue mi intento de querer sentirme un poco mejor. Ah, sí, ella era mi amiga.

A él lo veo y ya no siento rencor. A ella la veo y no me inspira ni la más mínima sed de venganza. No como antes, antes mis deseos de sacarles los ojos con los dientes, arrancarles todos los pelos, cortarles la lengua con una navaja suiza, y cocinar su corazón a  fuego lento eran muy latentes. Ya no, ¿los perdoné? no sé, no me interesa saberlo.

El dolor pasa, siempre pasa. Tarda, pero siempre pasa, después, solo quedan las ganas de escribir todo lo que aquella ocasión te tocó sentir, ya sin sentir tristeza, ni arrepentimientos ni congoja.

Escribir esta entrada con la más neutralidad y calma posible no fue difícil.



"...Algo en mis intestinos decía: Puede ser una relación tormentosa, ¡cuidado!, puede seducirte, puede hacerte gritar, puede sacarte todo lo que llevas dentro...."





El día que me la presentaron, dude en hablarle, dude en tocarla; morena, vestía roble claro, de baja estatura, caderona, soberbia pero ofrecida. Algo en mis intestinos decía: Puede ser una relación tormentosa, cuidado!, puede seducirte, puede hacerte gritar, puede sacarte todo lo que llevas dentro.


Corrí el riesgo, avizoré sus caderas como quien acecha a su presa. Me le acerqué, la subí arrebatadamente a mis piernas, su cintura en mi rodilla, la manoseé, recorrí todo su cuello hasta apretarla de donde se aprieta mejor.


La noté asustada, desconfiada, esa mezcla de desconfianza y amabilidad que provoca aún más. La acaricié con fuerza y le saqué con maña sus primeros reclamos, su resonancia, su primera voz, aguda, grave, como risotadas pero con llanto.


Mi torpeza fue la de un principiante con más ganas que atributos, habilidoso en los errores. Como el imbécil que quiere todo y no sabe por donde empezar. La maltraté, la mal besé, tantas veces, demasiadas diría yo, que ese mismo día, inesperadamente y frente a todos, se dejó querer, se aflojó, se embraciló, me cedió los derechos de la noche y desesperadamente me hizo eso que llaman el amor; me hizo suyo; sin el mínimo pudor, sin la mínima vergüenza. Todos fueron testigos o cómplices del escándalo, de las incomodidades de la primera vez, del flamante estallido, del inicio de una relación complicada, y sí, algo tormentosa, algo imperfecta y descuidada, pero de mutuo complemento, un amorío que empezó esa noche y continúa con sol o con luna, de ruidos pasionales y a deshoras, de alardes, de pregones, de achaques, de no dormir por las noches; de un pégame pero no me dejes. Que ahora más que nunca y después de algunas imprudencias, varios embarazos no planeados, de partos fallidos y después de mas de 50 hijos, nos seguimos abrazando, atrabancados, y contándonos nuestros mas indecibles secretos, y frente a todos, como aquel día en que me la presentaron, yo con mi encarnada locura cuerda y ella con su perfume a tronco barnizado y sus seis cuerdas locas, desquiciadas como quienes exigen ser reventadas de amor.


Ella, la irresistible caderona Antares, la mejor amante, soporte de mis borracheras, de mis injurias, de mis acordes sucios, de mis protestas y mis denuncias, la que me tira a loco pero me alivia, la que me aguanta todo menos mis inoportunos silencios, la que a veces detesto, la que amenazo con abandonar cuando me coquetea abiertamente otra preciosa de aparador, de vestido caoba, la tentación de las caderas nuevas. Pero sabe de sobra que siempre regresaré, arrepentido con mi canción entre las patas, y a sus irrenunciables caderas, a cantarle al oído: te aviso que me quedo.


Pancho Lorenz




Sin duda alguna, son fotos veladas después del adiós.
Remedos de otros tiempos.
Escarabajos en ámbar.
Ese lugar feliz al que no debo tratar de volver.
Mantener ese bello recuerdo.
Y morderme los ovarios.

Tengo fe en mí.
Valgo más de lo que crees.


Gerardo, te estoy dejando ir... te dejo libre, sin remordimientos, ni rencores; eres libre, eres tú, sin mí, sin más, ni menos. Sin efectos ni afectos, sin ardores, ni venganzas. Recupera la vida que dejaste cuando me conociste, recupera tus amistades, las que te hacen daño, desempolva las memorias; vuelves a ser tú.
Espero que lo vivido, en verdad, te sirva y no cometas los mismos errores que conmigo, y con las anteriores. Aprende. De corazón, te lo deseo.

Te agradezco todo, absolutamente todo, hasta los momentos desagradables, porque de ello también aprendí, y cualquier aprendizaje es bienvenido, mientras sean para bien, y vaya que éstos lo fueron... eres quien más daño me ha hecho, pero te perdono todos los agravios.
Gracias, desde lo más recóndito de mi alma y mi corazón.
Cuídate, y que Dios, si es que existe, te guíe.


La vida es un fluir natural.
Se abren y se cierran ciclos, se inician y se terminan etapas. Y cada una de ellas son las experiencias de vida. Y siempre dejan un gran crecimiento, SIEMPRE. Haciéndonos mejores personas cada día. Lo importante es agradecer por todo lo vivido y mejor aun abrirnos a vivir nuevos ciclos, etapas y grandes experiencias. 
Confío y se que siempre es así y que hoy es así.


Siempre te hice saber que eras un ave. Ahora es tu turno de extender tus alas, las que me encargué de curar. ¡Vuela! :)
Tan solo debo recordar cómo fue que pude olvidarme de los demás, los anteriores, y así me olvidaré de ti.

Siempre me han parecido demasiado interesante las jugarretas que hace ese ente atemporal que conocemos por "destino".

Hay personas que se van de tu mente, de tu corazón, otras que permanecen en la proa, y otras, que se las ha llevado el mar.
Es impresionante que hechos tan simples, como el darse cuenta que una puerta se cierra en Manhattan, otra puerta se abre en la Cd. de México, pueden causar grandes cambios, estragos o bienaventuranzas.

Amigos que se van o que al final no resultaron serlo del todo, amores que se ahogan en el mar, alumnos y maestros que pasan y pueden o no dejar algo sembrado.

Gente que está esperando oír que hablan mal de ellas a sus espaldas y que se molestan cuando escuchan de propia voz ese mismo mensaje...

¡Qué complicada es la gente!

Lo mejor está siempre por venir, reza un dicho, pero yo ya tengo lo mejor, me quedo con las personas que quiero y que me quieren, y dejo ir o dejo atrás, en el primer escalón, a los que no.

Así es esto, ¿no?

Poder decir adiós es crecer. Cerati

Con esta entrada, inauguro una nueva etiqueta con el nombre de "Desde el baño"... donde etiquetaré aquellas palabras que vengan a mi mente... desde el baño, literalmente.


Cuando necesitas escribir y te conformas con sólo leer, poco a poco se van acumulando tantos pensamientos que casi llegas a explotar. 
Rodeada de tanta gente y sintiendo que cambiarias a todos por sólo una, que al menos saber que está ahí contigo ya te refrescará la vida. La música tan alta que no te deja escuchar tus pensamientos, el silencio tan infinito que no te deja callar la mente. Mente por formatear, recuerdos, lugares, personas y sensaciones por dejar atrás. 
Situaciones que se suponen te harán más fuerte y ya lo que deseo es que se acabe el entrenamiento. 

Esa canción que te lleva a un lugar que no deseas revivir, que te trae una cadena de imágenes y cerrar los ojos, taparse los oídos, cerrar la boca y aguantar la respiración no te sacarán de allí. Tantas horas que parecen perdidas, tantos buenos gestos que quisieras borrar. 
Duerman a esta gente mientras escribo, háganme invisible un instante. 
Aconsejando sin cumplir, hacer creer lo fuerte que puedes ser, lo poco que pueden importar algunas cosas y en el fondo entiendes mejor que nadie porque sencillamente tú tampoco haces lo que dice tu consejo. 

Una búsqueda continua de No Sabes Qué, que termine de completar ese Me Falta Algo y lo difícil es encontrar si es un sentimiento, una palabra, un cambio, una persona o un detalle. 
Tantas preguntas mirando al pasado, caminando como con la luz apagada y los ojos vendados, los brazos van estirados a ver q encuentran, los pies despacio y con mucho cuidado; no es justo vivir así. Existen varias salidas pero no son las correctas, todo el mundo lo sabe.





Sin calor que te sofoque, espalda que te roce. Sin soñar ni despertar a medianoche. Escapando de lo que te rodea, estando sol@ con tu mente.
Pudieras dormirte escuchando esa melodía lenta, tranquilizante. Una letra que te hace pensar, viajar, ponerte en lugares de otros para luego desaparecer en cualquier instante como una imagen borrosa de película.

Cuando dormir es la escapatoria, para no pensar…

Y sentir a las horas siguientes que en parte las cosas han pasado, que hoy necesitarás un soundtrack nuevo para tu día, un motivo que te robe una sonrisa para valorarla más cuando sientas que se está borrando momentáneamente.
Volver a ser espectador, cuando creas que nadie te observa a ti, quitarte los zapatos para estar más cómod@. Viendo cómo se atreven a crear su historia con hechos que no harías tu.

Disfruta el silencio, viaja y regresa sin haberte movido, las personas continúan a tu alrededor.
Captura mentalmente esa imagen que representará algo para ti durante los próximos segundos o más y no muchos podrán entender.
Una frase, una palabra, te hará recordar algo que te impulsará a sentir. Un perfume.

Despídete. Deja de voltear. Es hora.



Pasajes

'La visión de Escaflowne' es una serie anime con la cual crecí. Me encantaba verla todas las tardes, me emocionaba y me desesperaba esperando la hora para que la pasaran por el canal 10 y me enojaba y pataleaba cuando no la transmitían, suplantándola por un asqueroso partido de futból.



¿Que si por qué pongo algo relacionado con ello? En facebook todo mundo se ha puesto una imagen de su caricatura favorita de la infancia como foto de perfil, y yo también; adivinen de cuál.

Tengo ganas de volver a ver esta serie. Algún día la bajaré.
Mientras tanto, ¿Cuál fue la serie animada con la que creciste? :)
Lunes 22 noviembre, 2010.


Han de pensar que estoy un tanto nostálgica. Quizá sea debido al frío, o a estos desvelos que me van a volver loca, o ¿Será que es porque mi período se acerca?

Recordando a tantos caballeros que se han cruzado en mi vida, recordé a mis primos y los veranos que pasábamos tanto tiempo juntos, bañándonos en "el canal de la costa" o bien, en San Nicolás, una bahía que parece estero, o en Bahía de Kino. Aun no sé cómo ni cuándo me distancié tanto de mi familia paterna, desde pequeña visitaba mucho la casa de mi abuelo y convivía demasiado con mis primos, éramos inseparables; ahora, no. 
También recordé que nunca es tarde para re-hacer lazos familiares, y estoy trabajando en ello, Facebook como cómplice, quién lo iba a pensar.

Recordé mi estancia en la primaria (Dios, de la cual casi no recuerdo nada) y mis idilios de niña-puberta frustrados y que frustré.

Pero recuerdo algo muy importante: las decisiones difíciles que he tomado y que aunque sepa que dolerán, he aceptado el riesgo. Si lo hice antes, lo puedo hacer ahora. 
Claro, soy fuerte en ello. Dolerá, llorararé y patalearé, pero en cuestión de semanas, la curita habrá surtido efecto, pues cuando una persona se siente incómoda en algún lugar, simplemente opta por irse de ahí, sin más ni menos, primero soy yo.
Si he de contar con una ventaja, es ésa: perdono rápido, olvido cuestiones de amor, pero nunca olvido.

Indispensable, sólo el aire.


Domingo, 14 de noviembre, 2010.

Y el último en marcharse.
Cuando las mujeres estamos en la cama de un hombre, y aún no hay nada serio, quizá pensemos: quiero estar con él el resto de mis días, o bien, quiero convertirme en un ser tremendamente especial para él. Lo trágico ocurre cuando él no se acuerda de marcar al día siguiente.

Quizá, él piensa: que mañana no me marque al celular.

Domingo 31 de octubre, 2010.

Me pregunto tantas cosas y tantas dudas se balancean en mi mente.

¿Qué soy yo para ti? ¿Siempre será así? ¿Hasta cuándo? ¿Mañana será un buen día? ¿Ayer fue mejor que hoy? ¿Por qué siempre debe volver el pasado? ¿Me merezco esto? ¿Quieres? ¿Sería mejor estar sola?




...
La última es la que más me atormenta.



Yo no quiero trucos...

Happy Halloween. 
No pido mucho...
sólo ser FELIZ.




Disculpas a quién me he llevado entre las patas o a quien he dejado atrás por cumplir mi cometido.
No espero que me comprendan, es que no se me dan muy bien las relaciones humanas, y mucho menos el cerrar ciclos.



De la nada (¿De la nada?) se siente cómo el ácido gástrico va escalando con unas fuertes manos, arañando el esófago y asirse a la garganta, como si en ello se le fuera la vida. Las manos que van formando un nudo en la garganta.
O es la desesperación, o estas putas ganas de gritar al viento que no lo puedo superar, que no quiero que sea, que algún día va a estallar, algo que no es mío y que sí lo es.
¿Cómo se quita este sentimiento de inferioridad? (Como siempre...)



Me siento tan estúpida.













Se me chingó el disco duro. Donde tenía toda mi música y mi colección de imágenes (las que pongo en cada entrada). No necesito el internet, no ahora que no tengo muchos gigas para seguir bajando música. 
Me siento tan estúpida.

De bailes y otras cosas



Pues con eso de que bajé la discografía de The Offsprings, recuerdo (y les cuento) que bailé esta pegajosísima canción cuando estuve en la primaria. Bailar, bailar, pues no ¿Verdad?, más bien se trataba de una "tabla gimnástica"... aunque, tampoco fue gimnasia... más bien se trató de un número aeróbico, o algo por el estilo.
Ganamos el honorable segundo lugar, estábamos en quinto grado. Hasta uniforme teníamos.
En el sexto grado, rematamos con "Barbie Girl" y esta vez sí nos llevamos el primerísimo lugar.

Son esos recuerdos que uno quisiera que se refundieran en las lagunas mentales, pero por alguna cosa (como la canción) salen a relucir.

El año viejo


Principios del año y la crisis en todo su esplendor, pero, ¿Cuál crisis?, preguntaban unos; otros rezaban para que Fots dejara de hablar tanta pendejada.
Fue en abril cuando se desató el miedo, la paranoia (¿o conspiranoia?) y el terror del famosísimo virus de la influenza H1N1 (más bien, era la influencia cabrona) y que hasta le dio muy buena publicidad a esta empresa que creó al viejo gordo que se viste de rojo y que tiene barba blanca... ah sí, Santa Claus, sí, Coca-Cola:



Aún recuerdo que dí las gracias a cualquiera que haya sido la causa de que se infundiera tanto terror, puesto que cancelaron una de las dos semanas de prácticas (escuelas y demás centros donde se acumula mucha gente fueron cerrados durante una o dos semanas, no recuerdo).

En mayo fue que corrió el rumor de "anular los votos", y bueno, no sé a ciencia cierta cuántos fueron, pero sí fueron bastantes, y muy graciosos, aquí algunos:



Aquí hay más.

En junio ocurrió el peor genocidio infantil. Peor que lo que ocurrió un 28 de diciembre (Herodes y su furor por asesinar a cualquier pequeño recién nacido): El incendio de la guardería ABC, del cual, Sonora aún está de luto y clama justicia.
También murió Michael Jackson; sólo lo menciono porque a mucha gente le alteró. A mí me alegró, bueno, no por ser culera, pero ese ser fastidioso sólo robaba oxígeno.

Julio y las elecciones. Mi opinión no cuenta mucho, pues tengo dos credenciales con distinta direccióny  la más reciente la había perdido y no me molesté en obtener una nueva. Eso.
Ah, claro, yo cumplí 21 primaveras sin flores, jajá.

La pena y el luto continúan en agosto, y tanta pena que hasta difundimos una mala imagen del país, según Calderón. Pues, ¿Para qué echar mentiras, FeCal? Agradecido deberías estar que somos personas honestas (??).

El mes patrio llegó y en Sonora, Guillermo Elías gritó (y hasta rimó).
Nos empacan el inteligentísimo impuesto contra la pobreza, y de tanto impacto, pues a un wey cristiano se le ocurre secuestrar un avión, que dizque por mandato divino.

En octubre: Hasta la vista, Luz y fuerza del centro.

Justicia para unas nalgas, exclamaba la puta de Alejandra Guzmán, la "rockera", y tan sonado fue que ocasionaba un gran disgusto en noviembre, pero no por su asqueroso trasero, ¿Y los niños fallecidos en el incendio de la guardería qué? Caso más importantísimo que el culo sin esperanzas de aquella "rockera".

En diciembre ya no supe o no me acuerdo.

Adiós año viejo. Bienvenido el 2010 y junto con él una nueva década. A ver qué tal, con los tres gasolinazos.
No, no voy a hablar del libro en cuestión, el que obtuvo el premio Alfaguara 2009.

Limpiando los abanicos de techo de mi casa, recordé instintivamente, aquel candelabro que me encantaba (y sigue, aún) cuando niña. Se posaba osadamente sobre el techo de la antigua casa de mis abuelos.
Esta casa era mágica, con sus túneles y pasadizos, que juraba llevaban a algún sitio espectacular. Nunca lo comprobé, pero aún siguen esos pensamientos en mi mente.


El candelabro se situaba en el techo de la sala, donde también había una hermosa chimenea. Sobre la chimenea, serenamente estaba una gran caracola y como yo no conocía el mar en ese entonces, me emocionaba y me conformaba con pegarla a mi oreja y escuchar el suave revolotear del viento en los laberintos yacientes dentro de la caracola; tan grande era, que la debía tomar con mis dos manos.
A un lado de la caracola, el teléfono. Negro, de rueda y con un alambre toscamente enrollado. En la chimenea no había siquiera vestigios de cenizas: hacía mucho no se utilizaba.
Los sillones se encontraban mullidos, pues, si bien era la sala de estar, casi nunca se utilizaba.

El cuarto de mi abuela tenía un olor peculiar: árnica. Yo siempre me encontraba ávida, junto con mi prima, a querer esculcar su ropero (casi, casi como la canción) y poder obtener los tesoros que pudiesen estar ocultos dentro. Nunca lo logramos. Sin embargo, siempre sacábamos los colores de madera que se encontraban en el tocador. Claro, esta hazaña era lograda gracias a nuestras habilidades que cualquier agente secreto quisiera igualar: contorsionismo, que consistía en pararse de puntillas y/o entrar a gatas hacia la habitación.

El cuarto de mi tía (madre de mi prima) me dio siempre escalofríos. Era color verde aqua, y sólo recuerdo hasta ahí.

La casa era un lugar muy grande, mucho muy grande. Una de las zonas que más me gustaba, era el comedor y el corredizo que llegaba hasta la cocina. El comedor tenía dos puertas, una permanecía siempre inmóvil. Enseguida de esta puerta, estaba un cristalero, el cual ya no tenía cristales; en el codo de mi prima aun reverbera la cicatriz ocasionada por dichos cristales, inexistentes en ese momento.

Por el pasillo, estaba la cocina. Pequeña, pero muy cálida. A un lado de la estufa, había una puerta, la cual se dirigía nada más ni nada menos a uno de esos fantasiosos pasadizos, pero pronto descubrí que ese pasadizo llevaba a lo que hace muchos años fue una taquería "de la esquina".

El patio era grandísimo, a un costado, había una cancha, con sus canastas de baloncesto, y en la esquina del patio y el límite hacia la otra casa, había un pequeño cuarto de cuatro paredes. Nunca supe, ni sé, para qué era.
En el patio también había un jacalito, lleno de tantas cosas, muñecas, ropa, juguetes, y un largo etcétera. Sin duda alguna, el mejor atractivo del patio eran sus plantas. Mis ojos nunca habían conocido follaje de mejor verde, plantas tan exóticas y de tan vívidos colores, y cómo olvidar sus sabores.

La casa de mi abuela sigue tan presente en mi memoria y en mi corazón. Esa casa hoy que en día es un taller automotriz, ya no queda casi nada de lo que hace 20 años fue y de la cual se cobra una renta significativa que viene a dar a las manos de mi madre.

Mi abuela, poco recuerdo de ella. Lo que nunca olvidaré, es que yo fui quién avisó a mi madre de los estertores, de los gritos que ocasionaba su hondo dolor en el pecho, su jadeo acongojante, su llanto acompasado y casi sin aliento. Se la llevaron al hospital; cuando entré a la habitación donde ella estuvo por última vez (habitación en la que me encuentro ahora mismo) la recámara lucía sorprendente: Llena de luz, el sol se colaba por cualquier agujero que encontrase y el aroma era indescriptible, rosas, diría yo.
Fue muy extraño, jamás volví a reír con ella, a sentarme con ella, a platicar con ella. No volví a ver a mi madre cambiarle los vendajes del pecho o acomodarle una pashmina en la cabeza debido a su falta de cabello.

Era reconfortante tenerla en casa, pero estoy segura que partió a un mejor lugar, cualquier que éste sea.